Valoración del libro
5

Autor: Gereon Goldmann
Género: Autobiografía
Publicado en: 1964
Título original: The Shadows of His Wings
Sinopsis: Un seminarista en las SS es el apasionante relato autobiográfico de las increíbles aventuras vividas por un joven seminarista franciscano reclutado forzosamente por las SS de Hitler al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Sin traicionar a sus ideales cristianos, Gereon Goldmann fue capaz de completar su formación sacerdotal, ser ordenado, y ejercer secretamente su ministerio con los soldados católicos alemanes y con las víctimas civiles inocentes atrapadas en los horrores de la guerra.

Opinión:
Si leéis habitualmente mis reseñas, habréis podido notar que, aunque mi formación académica es científica, siento un especial interés por la historia y en especial por la Segunda Guerra Mundial (no os equivoquéis, no me considero alguien que haya equivocado sus estudios, si tuviese que volver a elegir mi primera opción seguiría siendo la química).
Mi afición por la historia hace que, de vez en cuando, dedique mi tiempo a leer libros que la mayoría de la gente no leería; «Un seminarista en las SS» es uno de esos libros.
Entré tranquilamente en el noviciado franciscano de Gorgheim Sigmaringen; de allí pasé a Fulda, donde en el verano de 1939 terminé mis estudios de filosofía.[...]
Un día después del examen final de filosofía, me llegó la orden de presentarme para incorporarme al ejército. Tenía veintidós años y, novicio o no, me convertí en soldado, no por propia elección sino por mandato. La infortunada guerra había comenzado.
«Un seminarista en las SS» es un libro que no engaña; en él Gereon Goldmann nos cuenta su vida y nos hace partícipes no solo de sus aventuras y desventuras sino de sus pensamientos y sus sentimientos. Nos cuenta las dificultades que tuvo que afrontar para mantenerse fiel a sus creencias, así como las burlas y el desprecio que tuvo que soportar por parte de muchos de sus compañeros de armas.
Uno de ellos me preguntó si yo era un hombre de «negro» o un hombre de «pardo», pues el negro estaba destinado a los sacerdotes y el pardo a los nazis. Y conteniendo la risa con dificultad, repliqué firmemente:
«Yo soy un hombre de pardo».
Se sorprendió. «¿Cuándo te has unido a los pardos?», refiriéndose, por supuesto, a los miembros del partido.
Le contesté que me había unido a los pardos en 1936.
«¿Dónde?».
«En el Monasterio de los franciscanos de Fulda. Hace seiscientos años que visten un hábito pardo, mucho anterior, como estará usted de acuerdo, a las camisas pardas que existen actualmente».
Quien lea este libro no debe buscar un estilo exquisito ya que se trata de un libro escrito por un aficionado, con todo lo que eso significa. El lector tampoco encontrará datos históricos exhaustivos pues no se trata de un libro de Historia. No se mencionan hechos reveladores ni se descubren pasajes poco conocidos de la Segunda Guerra Mundial ya que nuestro protagonista no es nadie importante (lo más cerca que estuvo de participar en un «acontecimiento histórico» fue una pequeña colaboración en los preparativos de la Operación Valkiria).

Este libro «simplemente» nos cuenta la vida de un muchacho alemán que a los veinte años entra en el seminario franciscano, que a los veintidós es alistado en la Wehmacht, de allí pasa a la SS donde se le promociona a oficial, con la condición de abandonar su fe católica, cosa a la que se niega:
«Mi comandante, no estoy acostumbrado a cambiar de religión como hago los sábados con la camisa sucia».
«Mi comandante, antes de entrar en las SS, yo era soldado en el ejército, y allí encontré un lema: Dios con nosotros. Aquí he encontrado el lema de las SS: Mi honor es la lealtad. No tengo nada que añadir. ¿Realmente desea usted fabricar un oficial con un hombre que es desleal y traidor a su Dios? Porque ¡si un hombre traiciona a Dios, seguramente traicionará al hombre!»
Expulsado de las SS vuelve a ejercito, donde permanecerá hasta el fin de la guerra.
Durante la contienda, y después de ella, Gereon salva la vida milagrosamente en múltiples ocasiones, como cuando el mismo Himmler le ordena que redacte una declaración que aclare cuál es su filosofía personal.
Me ordenaron obedecer. Era peligroso, pero yo estaba decidido a poner fin a todo ello. Escribí a máquina ocho páginas, empezando: «Declaro que rechazo la Weltanschauung de las SS y del partido nacional socialista».
Como consecuencia de esas ocho páginas es detenido para ser juzgado por desafección al régimen y, casi con toda seguridad ser condenado a muerte. No solo es declarado inocente sino que su «suerte» va mucho más allá.
Mientras tanto, mis camaradas vertían su sangre en Stalingrado, donde yo tendría que haber estado si el juicio no me hubiera obligado a quedarme en Kassel.
Toda mi división se quedó en Stalingrado, enterrada profundamente bajo la nieve.
Podría pasarme horas comentando anécdotas de la vida que nos cuenta Gereon Goldmann, y sacando citas del libro, pero creo que es el momento justo de dejarlo, no sin antes comentar que finalmente, en 1954, logra que su gran deseo de juventud se haga realidad y, ya siendo sacerdote, llega como misionero a Japón.
Si después de leer esta reseña os entran ganas de leerlo, puesto que no es un libro fácil de encontrar en las librerías, sin que sirva de precedente, voy a facilitar un poco las cosas para aquellos que tengáis un e-book.

Valoración: Valorar un libro siempre resulta difícil, pues en el fondo no deja de ser algo subjetivo, pero en este caso es particularmente complicado. Fijándonos en cómo cuenta las cosas se merece tres estrellas. Fijándonos en lo que cuenta puede que se merezca alguna más (o alguna menos, dependiendo del lector).


2 Comentarios hasta ahora.

  1. Nagini says:

    Pues tengo que hacerme con este libro lo antes posible. Entre el argumento y la reseña, ha de ser mío xD.

    Un saludo.

  2. Como comentaba en uno de los blogs que sigo, La oreja de Jenkins, lo que más me atrae de este tipo de libros es te suelen ofrecer una visión personal y demoledora de lo que ocurrió, humanizando una historia que muchas veces tendemos a despersonalizar, olvidando que las divisiones y los ejércitos están formados por personas, y que son ellas las que sufren las consecuencias de las guerras.

    Si al final te lo lees, ya me contarás que te ha parecido.

    Un saludo.

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